Lugar: Cursando un posgrado en la Facultad.
Los personajes: un profesor y 5 jovencitas de las cuales una soy yo.
El personaje extraño: un señor compañero, de 50 años, con muchos problemas.
Situación: el Señor compañero quiere hacer una pregunta al profesor. Levanta su mano, la clase se para. Yo miro el reloj del señor, y dice 14:45.
El señor compañero inicia lo que será el motivo de mis múltiples cavilaciones y mis excesivos sentimientos de impaciencia y de intentos de suicidio o asesinato.
Se acomoda para empezar a hablar, se acaricia la barba, repite todo lo que el profesor vino diciendo hasta ahora, a modo de introducción de su pregunta, pregunta o duda que NUNCA llega a formular, porque se pierde de su “idea directriz” y comienza a contar ejemplos de sus pacientes y se ríe de sus propios chistes a los cuales nadie responde.
Sigue con su pregunta interminable, yo miro a mis compañeras pidiendo compasión o ayuda para que alguien lo corte.
El profesor aprovecha esta situación para no tener que pensar ni tener que terminar su clase nunca preparada.
El señor compañero continúa, ya no sé ni qué dice. Yo hago ruidito con una lapicera, ruidito de impaciencia, aunque sepa que está mal hacerlo. Miro su reloj, y dice 15:05.
No lo puedo creer, ya van 20 minutos, comienzo a pensar que este señor tiene un serio problema. En mi mente, empiezo a repasar mis clases de psicopatología para ver qué mierda la puede estar pasando a este tipo.
Sigue hablando, comenta el caso de otro paciente, pero esta vez desde su primera entrevista. Ya no sé ni en qué clase estoy.
Y ahí… me vino el esclarecimiento. A las 15:15, cuando el señor terminó con su pregunta, o sea media hora más tarde... me dí cuenta de qué estaba pasando. El señor, está enamorado!!!!!!
De quien? Del profesor? No… ¿De alguna de nosotras? No… ¿De quien? DE SÍ MISMO!!!
Ama su propia voz, su propia falsa sabiduría que traduce en forma de inmensas cavilaciones que no tienen punto de llegada pero que lo hacen sentir que algo tiene para decir, algo tan importante como para interrumpir por media hora una clase.
Es un dictador del tiempo, ama apoderarse del tiempo valioso de los otros.
Ama ser mirado y ser escuchado, y por eso intentó prolongar su estúpido monólogo todo lo que pudo, y como el es tan inteligente, lo cortó justo a tiempo, para no aburrir.
10 de diciembre de 2008
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