El otro día el colectivero del colectivo en el que viajaba, hizo caso omiso a la llamada de un joven regordete, sobre la calle Cabildo.
El joven regordete, entonces, hizo uso de su poder mágico para intentar detener el colectivo, y escupió una bola de saliva que impactó justo en la chapa que (afortunadamente) me separaba del medio ambiente.
El regordete se regordeó seguramente en su acto de mente primitiva, pero no pudo lograr su cometido.
Un claro ejemplo de enojo-escupida. No, mejor dicho: Colectivoquenopara-escupida, porque creo que ni llegó a sentir enojo, fue demasiado rápido. Estímulo-respuesta.
Actuar. Actuar, nunca pensar.
3 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario